El reputado instrumentista sevillano imparte en el Festival Internacional de Cuerda Pulsada de La Laguna un taller y una clase magistral
El sevillano Francisco Bernier (1975), uno de los guitarristas españoles de su generación más prestigiados y elogiados por la crítica internacional, llega al Festival Internacional de Cuerda Pulsada de La Laguna (FICUP) que se celebra del 1 al 8 de julio, para impartir el taller denominado ‘Estudiar mejor, tocar mejor: claves para avanzar en la guitarra’. El también director artístico del Festival de Guitarra de Sevilla y catedrático del Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo de Sevilla, partiendo de ejemplos concretos, trabajará con alumnado de guitarra y de otros instrumentos de cuerda pulsada de nivel medio, superior y jóvenes intérpretes en formación, que deseen mejorar sus hábitos de estudio.
Muchos alumnos no son capaces de detectar las dificultades técnicas que entraña enfrentarse a un instrumento y de aislar los problemas con eficacia con el objetivo de terminar construyendo una relación más consciente y creativa con el mismo sin caer en la repetición mecánica. Bernier, que además ofrece en el marco del FICUP una clase magistral, advierte que es imprescindible que el músico trabaje aspectos como la economía del movimiento, la claridad en la digitación, el control del tempo, la distribución inteligente del esfuerzo y la planificación del estudio a corto y largo plazo. “Considero esencial grabarse, escuchar con honestidad, estudiar lentamente sin perder intención musical, separar la dificultad técnica de la idea artística y utilizar la memoria no como repetición muscular, sino como comprensión profunda de la obra. Y hay algo que insisto mucho: el descanso también forma parte del estudio. Una mente saturada no escucha bien”, advierte el guitarrista que ha forjado a lo largo de los años una carrera llena de éxitos y galardones que le han llevado a actuar en más de 35 países.
El que fuera director ejecutivo y creador del Master de Guitarra de Sevilla en la Universidad Pablo de Olavide, reconoce que se siente cómodo interpretando un repertorio que permita a la guitarra “cantar, respirar y construir un discurso con profundidad. Me interesa la música en la que el sonido no es solo bello, sino expresivo; la música que obliga a pensar en arquitectura, color, silencio y tensión. He interpretado repertorios muy diversos y cada época me ha aportado algo: la claridad y la nobleza de la tradición clásica, la riqueza poética del repertorio español y latinoamericano, la profundidad de ciertas transcripciones y, por supuesto, la música contemporánea. Más que sentirme cómodo en un estilo concreto, me siento cómodo cuando percibo que una obra tiene una verdad musical que merece ser compartida”, dice Bernier, quien trabaja actualmente en varias líneas que, en realidad, se alimentan entre sí: la interpretación, la docencia, la dirección artística y la difusión de nuevos proyectos musicales.
Atravesar mundos
“Continúo desarrollando proyectos discográficos y artísticos a través de Contrastes Records, con una atención especial a intérpretes y repertorios que merecen mayor visibilidad. Y, por supuesto, sigo muy comprometido con la formación de jóvenes músicos. Mi presencia en La Laguna con masterclass y con el taller ‘Estudiar mejor, tocar mejor’, responde precisamente a esa idea: compartir experiencia, abrir caminos y ayudar a que cada estudiante encuentre una relación más profunda y más eficaz con la guitarra”, puntualiza.
Francisco Bernier, que suele emplear en sus conciertos una guitarra del luthier francés Daniel Friederich, estima que esa virtud de la guitarra de encontrarse entre lo popular y lo clásico que muchos admiten ha podido terminar por perjudicarla. “Puede haberla perjudicado cuando esa posición intermedia se ha entendido como una debilidad. Pero yo la veo como una de sus mayores virtudes. La guitarra pertenece al salón, al escenario, a la calle, a la tradición popular, a la música antigua, al repertorio contemporáneo y a muchas culturas distintas. Pocos instrumentos tienen esa capacidad de atravesar mundos. El problema no es que la guitarra esté cerca de lo popular; el problema sería renunciar a la excelencia por miedo a esa cercanía. Su fuerza está precisamente en poder hablar a públicos muy diferentes sin perder profundidad. La guitarra puede ser accesible y, al mismo tiempo, enormemente sofisticada”, agrega.
Hay muchos que estiman que, pese a la popularidad de la guitarra, el instrumento nunca ha logrado en el circuito clásico un reconocimiento remotamente cercano al del piano o el violín. El guitarrista andaluz está en parte de acuerdo con ello. “La guitarra tiene una popularidad inmensa, pero su presencia en determinados circuitos clásicos ha sido históricamente más limitada que la del piano, el violín o los grandes instrumentos orquestales. Hay razones históricas, acústicas, institucionales y también ciertos prejuicios. Durante mucho tiempo la guitarra fue vista como un instrumento demasiado íntimo o demasiado vinculado a lo popular para ocupar ciertos espacios de prestigio académico. Pero creo que no debemos instalarnos en la queja. La mejor respuesta es construir: mejores programas, mejores intérpretes, más encargos a compositores, más presencia en conservatorios, festivales sólidos, grabaciones de calidad y una comunicación más ambiciosa con el público. La guitarra no necesita imitar al piano ni al violín; necesita afirmar su propia grandeza”, concluye Bernier.